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Grietas... y más grietas

miércoles, marzo 23, 2005

La perra de mi amiga

Tranquilidad: no estoy insultando a nadie, simplemente quiero decir que desde hace dos días mi amiga me ha dejado a su perra, una cocker parduzca con un muñón por rabo, para que yo la cuide, como si no tuviera bastante cuidándome a mi misma.

He de reconocer que la amistad se ha impuesto a mi repulsión por los animales domésticos (en especial precisamente por los perros). Y aquí estoy, cuidando de este animal en aras de mantener una amistad que aprecio y que lleva dos días a prueba (y me queda todo el puente de Semana Santa: 'via crucis' particular que me voy a echar al coleto).

Su nombre es "Curra" (no voy a hacer comentarios). Y la verdad es que es una perra simpatiquilla y que intenta hacerse querer, aunque yo no la doy muchas esperanzas... Mi labor consiste en alimentarla y sacarla a hacer sus necesidades. Durante el resto del día, que se busque la vida y sobre todo que no rompa nada, ya se lo he advertido: "que si no, duermes en la escalera, eh, Curra!", y ella me miraba como si no comprendiera mi lenguaje girando levemente la cabeza en un esfuerzo cognoscitivo de intensidad alta que ríete tú de los tertulianos y demás ralea intelectual varia.

De momento no ha roto nada. Se pasa el día tumbada encima del camacho que la he preparado con mantas viejas, con el aire tristón del condenado a muerte. Sólo revive cuando oye el golpear de la comida en el plato y cuando cojo la correa para sacarla a pasear. He de reconocer (con cierto regocijo hormonal) que los paseos se han convertido en todo una aventura. Normalmente, soy muy selectiva con los perros a los que permito que se acerquen a mi Curra (ya me lo había dicho su amiga, "ten cuidado, que está perra es un poco putona"). El criterio de selección es el siguiente:

- perros con dueñas, NO (las conversaciones suelen ser muy aburridas);
- perros con dueños feos o viejos, TAMPOCO (joder, intentan ligar conmigo de una manera descarada);
- perros con dueños guapos, SÍ, a por ellos, Curra, demuestra tus dotes de seducción.

Hoy, por ejemplo, paseando por un parque detrás de casa, he visto a lo lejos un magnífico ejemplar bien cuidado y alimentado y con el trote feliz y despierto (me refiero al dueño), e inmediatamente he dado cuerda a la correa de mi perra... Porque, vamos a ver, ¿a mí qué coño me importa que a mi Curra se la coma un gigantesco bulldog con cara de hijo de puta, si a mí el que me interesa es el dueño, que está cañón? Al final el bulldog macho debía ser demasiado exquisito porque ha pasado olímpicamente de mi perra, y claro, así no hay manera de entablar conversación con nadie.

En fin, a ver si mañana hay más suerte.