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Grietas... y más grietas

viernes, marzo 25, 2005

La reconciliación

Ayer por la tarde volví a sacar de nuevo a Curra (que como todo el mundo en el planeta sabe es la perra que una amiga me ha pedido que cuide). No había necesidad, porque Curra estaba como siempre tumbada en su camastro, la cabeza apoyada en las patas y mirando el enchufe de la pared de enfrente, con la misma mirada de quien ve en la televisión un programa aburrido.

En ese momento, me ablandé y tuve una idea: "¡Curra, nos vamos al parque a jugar!". No pareció entender mis palabras porque me miró un segundo y volvió a mirar la televisión-enchufe, esta vez haciendo un gesto con un ojo, como si intentara cambiar de canal.

No tuve más remedio que arrastrarla por el pasillo hasta la puerta, y entonces comprendió que eso significaba "calle", "trote", "libertad", "mear", "cagar" y posiblemente "follar" (sólo posiblemente). Todas esas cosas les pasa por la cabeza a los perros cuando salen a la calle, estoy segura. Y entonces mi Curra empiezó a dar saltos, me puso las patas encima (lo odio) e intentó mover su cola inexistente, la pobre...

Este era el primer intento serio de intentar reconciliarme con la perra, y no puedo negar que la bondad (propia de las fiestas que nos ocupan) me inundó y me hizo sentir bien. Así que, de camino al parque, compré en unos chinos una pelotita de goma, pequeña, para que pudiera caber en su boquita llena de dientecitos afilados.

Entonces hice algo que no suelo hacer: quitarle la correa, ya que por miedo hasta ahora siempre la he sacado bien amarrada, no fuera a salir corriendo, huyendo de mí, y luego a ver cómo se lo explico a mi amiga. Pero ahora no había peligro, éramos ya casi como amigas...

Empezó a olisquear por aquí y por allí. Estaba feliz. "¡Curra, mira, coge la pelota!" Y la lancé a la otra esquina del parque. Curra la miró volar, me miró y... siguió con lo suyo, qué fuerte, estaba pasando de mí... En un intercambio de papeles que no me gustaba nada, fui yo quien corrió hacia la pelota y volví hacia la perra. "Curra, hija, tienes que correr hacia la pelota y saltar para cogerla al vuelo con la boca, miga, agí (dije poniéndome la pelota en la boca; ahora lo recuerdo y me sonrojo)". Curra volvió a mirarme, ladeó la cabeza como si observara a un marciano o a un loco, y siguió olisqueando el árbol. Será puta la perra.

Fin del paseo, fin de la reconciliación, y fin de todo. Y la di de comer, para que no muriera de hambre, que por mí...

jueves, marzo 24, 2005

Ya empezamos a joder...

¿A que no sabéis quién me ha despertado a las 9 de la mañana, hoy un día de fiesta y que normalmente me levanto no antes de las 12? ¡Premio! La puta de la Curra, sí, la perra que mi amiga me ha dejado durante esta Semana Santa, que de santa tiene poco y sí mucho de larga semana.

Odio los ladridos y odio a los perros. Y Curra debería saberlo. Pero no, simplemente se ha puesto a ladrar como una endemoniada y cuando me he levantado dando tumbos, ha corrido feliz hacia la puerta de casa y ha levantado su patita marrón con un gesto inequívoco de intentar abrirla. En ese momento tenía dos opciones: o ahogar a la perra en la bañera o ceder ante sus exigencias. La verdad es que al final he cedido, pero sólo por una cosa: un pensamiento se adueñó de mí (¿qué les sucede a los perros si tienen un apretón?).

Así que me he vestido (sin ducharme, claro: odio salir a la calle sin ducharme) y lo que es aún peor: sin desayunar, y he bajado a la perra. Nada de parques, hoy una vuelta a la manzana y que se alivie donde pueda. Por cierto, con el estómago vacío, el cigarro me ha sentado como un tiro y por poco no emulo a la perra en medio de la calle...

He de reconocer, que si no fuera por este blog, y por las amigas a las que llamo para darles la brasa y contarles mis penas, ya habría cometido un canicidio...

miércoles, marzo 23, 2005

La perra de mi amiga

Tranquilidad: no estoy insultando a nadie, simplemente quiero decir que desde hace dos días mi amiga me ha dejado a su perra, una cocker parduzca con un muñón por rabo, para que yo la cuide, como si no tuviera bastante cuidándome a mi misma.

He de reconocer que la amistad se ha impuesto a mi repulsión por los animales domésticos (en especial precisamente por los perros). Y aquí estoy, cuidando de este animal en aras de mantener una amistad que aprecio y que lleva dos días a prueba (y me queda todo el puente de Semana Santa: 'via crucis' particular que me voy a echar al coleto).

Su nombre es "Curra" (no voy a hacer comentarios). Y la verdad es que es una perra simpatiquilla y que intenta hacerse querer, aunque yo no la doy muchas esperanzas... Mi labor consiste en alimentarla y sacarla a hacer sus necesidades. Durante el resto del día, que se busque la vida y sobre todo que no rompa nada, ya se lo he advertido: "que si no, duermes en la escalera, eh, Curra!", y ella me miraba como si no comprendiera mi lenguaje girando levemente la cabeza en un esfuerzo cognoscitivo de intensidad alta que ríete tú de los tertulianos y demás ralea intelectual varia.

De momento no ha roto nada. Se pasa el día tumbada encima del camacho que la he preparado con mantas viejas, con el aire tristón del condenado a muerte. Sólo revive cuando oye el golpear de la comida en el plato y cuando cojo la correa para sacarla a pasear. He de reconocer (con cierto regocijo hormonal) que los paseos se han convertido en todo una aventura. Normalmente, soy muy selectiva con los perros a los que permito que se acerquen a mi Curra (ya me lo había dicho su amiga, "ten cuidado, que está perra es un poco putona"). El criterio de selección es el siguiente:

- perros con dueñas, NO (las conversaciones suelen ser muy aburridas);
- perros con dueños feos o viejos, TAMPOCO (joder, intentan ligar conmigo de una manera descarada);
- perros con dueños guapos, SÍ, a por ellos, Curra, demuestra tus dotes de seducción.

Hoy, por ejemplo, paseando por un parque detrás de casa, he visto a lo lejos un magnífico ejemplar bien cuidado y alimentado y con el trote feliz y despierto (me refiero al dueño), e inmediatamente he dado cuerda a la correa de mi perra... Porque, vamos a ver, ¿a mí qué coño me importa que a mi Curra se la coma un gigantesco bulldog con cara de hijo de puta, si a mí el que me interesa es el dueño, que está cañón? Al final el bulldog macho debía ser demasiado exquisito porque ha pasado olímpicamente de mi perra, y claro, así no hay manera de entablar conversación con nadie.

En fin, a ver si mañana hay más suerte.

martes, marzo 22, 2005

Puntualiciones

Empecemos con unas puntualizaciones:

1. Soy una mujer soltera.
2. "Mujer" no quiere decir "femenina".
3. "Soltera" no quiere decir "solterona".
4. "Mujer soltera" no quiere decir "fea".
5. "Soy una mujer soltera" quiere decir simplemente que vivo sola. Y punto.